Saltar al contenido

Cómo limpiar ventanas correderas por fuera sin desmontarlas

Ventana corredera de aluminio vista desde dentro, con las dos hojas desplazadas al mismo lado y el carril inferior a la vista lleno de suciedad

Te pones a limpiar los cristales, llegas a la corredera del salón y descubres el problema: por mucho que muevas las hojas, hay media cara exterior a la que no hay forma de llegar con la mano. Y abajo, en el carril, se ha ido acumulando una capa de tierra que ya no sale de una pasada.

Buscas cómo se hace y la respuesta que más se repite es la peor de todas: sacar la hoja del carril para limpiarla cómodamente. Aquí te contamos por qué eso sale mal más veces de las que se cuenta, hasta dónde se llega de verdad sin desmontar nada, y qué parte del cristal no vas a poder hacer tú.

La respuesta rápida

Mueve las dos hojas al mismo lado. Por el hueco que queda libre sacas el brazo y limpias la cara exterior de la hoja de fuera; después las cambias las dos al otro lado y rematas lo que faltaba de esa misma cara.

Lo que no vas a poder limpiar con la mano es la cara exterior de la hoja de dentro. En cuanto abres, la hoja de fuera se le pone delante a un par de centímetros; y con la ventana cerrada ya no hay hueco por el que pasar el brazo. Esa mitad se remata en parte por la ranura, y el resto solo se hace desde fuera.

El carril va antes que el cristal, no después: si lo limpias al final, todo el polvo que levantes acaba en el vidrio que acabas de dejar limpio.

Por qué una corredera es la peor ventana para limpiar

Una ventana normal se abre hacia dentro y te deja la cara exterior a mano. Una corredera no: las dos hojas van en carriles distintos, una por delante de la otra, y solo hay hueco cuando las apilas las dos al mismo lado. En esa posición, la hoja de fuera queda tapando a la de dentro. Da igual cómo las coloques: no existe ninguna combinación en la que puedas meter la mano entre las dos.

Por eso, de la superficie exterior de una corredera, la mitad la puedes limpiar desde dentro y la otra mitad no. No es un defecto de tu ventana ni te falta maña: es cómo está construida.

A eso se le suma el carril. La guía inferior está a ras de suelo, recoge el polvo que entra por la ventana y el que se levanta al barrer, y cuando llueve esa mezcla se convierte en barro. Cada vez que abres, la hoja arrastra parte de esa suciedad y la reparte por el marco y por el cristal. Por eso una corredera se ensucia más rápido que el resto de ventanas de la casa aunque la limpies igual de a menudo.

Lo primero: no saques la hoja del carril

Es el consejo que más circula y el que más problemas causa. Se entiende la lógica —fuera la hoja, se limpia por los dos lados, se vuelve a poner—, pero en la práctica hay tres cosas que suelen salir mal.

Muchas correderas llevan topes o piezas antidesenganche. Están puestas precisamente para que la hoja no salte del carril con el viento o con un tirón, y forzarlas para sacarla es la forma más rápida de romper la pieza que sujeta la ventana. Si al levantar notas resistencia, no es que esté encajada: es que hay algo sujetándola.

Pesa más de lo que parece. Una hoja con doble acristalamiento y marco de aluminio no se maneja con una mano. Y al volver a encajarla estás sujetando todo ese peso en equilibrio, muchas veces subido a algo y con el hueco de la ventana abierto delante. Ese es el momento delicado, no la limpieza.

Y volver a colocarla no siempre sale a la primera. La hoja tiene que entrar alineada en la guía superior y apoyar bien en los rodamientos de abajo. Si queda algo desalineada, la ventana empieza a ir dura, a rozar o a no cerrar del todo, y arreglar eso ya no es limpieza.

La regla práctica: si la ventana funciona bien, no la desmontes para limpiarla.

Cómo limpiar el cristal de fuera sin quitar las hojas

El truco es aprovechar que las hojas se mueven. Vas a limpiar la cara exterior de la hoja de fuera en dos pasadas.

  1. Empieza por el carril, en seco. Con un pincel o una brocha, saca la tierra suelta hacia fuera. En seco primero: si mojas encima del polvo, lo conviertes en barro.
  2. Mueve las dos hojas al mismo lado. Queda el hueco libre en la otra mitad. Saca el brazo y limpia de arriba abajo la cara exterior de la hoja que ha quedado por fuera.
  3. Cambia las dos hojas al lado contrario y repite con la parte de esa misma cara que te faltaba.
  4. Remata lo que no alcanzas. La cara exterior de la hoja de dentro queda encajonada entre las dos hojas y no se llega con la mano. Con un paño de microfibra enrollado en algo plano y fino se saca parte por la ranura, sin forzar y sin meter nada rígido entre los cristales. Es un apaño, y conviene saber que lo es.
  5. Seca el filo y el marco inferior. Es donde se queda el agua, y si se seca sola deja los cercos blanquecinos que luego cuesta mucho más quitar.

El método del cristal en sí —qué usar, cómo pasar la raqueta, por qué quedan marcas— lo tienes paso a paso en nuestra guía para limpiar los cristales como un profesional. Aquí solo cambia la forma de llegar, no la técnica.

Sobre el truco de desmontar el cierre

Verás circular otra salida, y conviene que sepas qué implica antes de probarla. En muchas correderas el cierre va embutido en el perfil y es lo que frena el recorrido de la hoja: quitando el embellecedor y los tornillos, la hoja corre entera y llega a sobrepasar a la otra, con lo que esa cara tapada queda accesible.

Funciona, pero desmontar el cierre de una ventana ya no es limpiarla. Estás tocando la pieza que la mantiene cerrada, y si no vuelve a su posición exacta la ventana deja de ajustar como debía. Por media cara de cristal, nosotros no lo hacemos.

El carril, que es donde está el problema de verdad

Detalle del carril inferior de una ventana corredera de aluminio con polvo compactado y pelusa antes de limpiarlo.

Puedes dejar el cristal impecable y que la ventana siga pareciendo sucia, porque lo que se ve al acercarse es la guía.

Lo que cambia en una corredera respecto a cualquier otro marco es que el carril no es un rincón: es la pieza sobre la que la ventana se mueve. Por eso hay una señal que conviene leer bien: si al terminar la hoja sigue costando de mover, el carril no está limpio del todo. No fuerces la ventana ni engrases encima, porque lo que hace la resistencia es el residuo que queda debajo del rodamiento y engrasar sobre suciedad lo empeora.

El procedimiento completo de las guías, con el orden y las herramientas, ya lo explicamos en cómo limpiar el aluminio blanco de las ventanas, que además cubre qué hacer si el marco está gris o ennegrecido.

Qué no funciona, y por qué se sigue recomendando

El secador. Mueve el polvo suelto, y por eso en un vídeo parece que funciona. Pero la suciedad que de verdad ensucia el carril está compactada y con humedad: el aire no la despega, solo la reparte por la habitación.

El bicarbonato en las guías. Aparece en muchas búsquedas y conviene decirlo claro: el bicarbonato es un abrasivo suave. En un carril de aluminio lacado o anodizado, frotar con un producto abrasivo puede dejar el acabado mate en las zonas que se ven. Para tierra y grasa doméstica, agua templada con jabón neutro hace el mismo trabajo sin ese riesgo.

Los limpiacristales magnéticos. La idea es buena: dos piezas imantadas, una a cada lado del cristal, para limpiar las dos caras a la vez. En la práctica la fuerza del imán tiene que estar ajustada al grosor del vidrio, y con doble acristalamiento —que es lo normal en una corredera moderna— el agarre es mucho más flojo. Si se suelta, la pieza de fuera se cae. Antes de comprar uno, mira para qué espesor está fabricado y qué hay debajo de tu ventana.

Y el que no aparece en ningún vídeo: subirse al alféizar o sacar medio cuerpo por la ventana para llegar a lo que falta. Si no llegas desde dentro con el brazo, esa ventana ya no es una tarea de limpieza doméstica.

Cuando la corredera está en alto y ya no se llega

Todo lo anterior funciona en una corredera a la que llegas de pie desde dentro. El problema empieza cuando no es el caso: una corredera de una terraza en un tercero, un ventanal corrido de suelo a techo, o esa media cara exterior que hemos dicho que no se alcanza con la mano y que, si la ventana da a la calle, es la que más se ensucia.

Ahí interviene alguien con el equipo adecuado. Nosotros trabajamos con pértiga telescópica y agua osmotizada: la pértiga llega a la cara exterior desde el suelo, sin escalera ni andamio, y el agua osmotizada no lleva los minerales del agua del grifo, así que se seca sin dejar cerco. Es la forma de limpiar por fuera lo que desde dentro no se alcanza.

En vivienda ese servicio es la limpieza de cristales a domicilio; si es una oficina, un hotel, un local o una comunidad de vecinos, es limpieza de cristales para negocios y comunidades. Que el ventanal esté a varias plantas no cambia el servicio, cambia la forma de llegar: eso es la limpieza de cristales en altura.

Trabajamos en Madrid y su provincia. Si tienes correderas a las que no llegas y quieres saber qué implicaría, puedes pedirnos presupuesto sin compromiso o llamarnos al 91 112 34 00. Quien lo hace es Pedro Carrascosa y su equipo, que llevan desde 2004 limpiando cristales y nada más que cristales.

Preguntas frecuentes

¿Cómo puedo limpiar las ventanas correderas por fuera?

Moviendo las dos hojas al mismo lado. Por el hueco que queda libre sacas el brazo y limpias la cara exterior de la hoja de fuera; luego las cambias al otro lado y rematas lo que faltaba. La cara exterior de la hoja de dentro no se alcanza con la mano: esa se resuelve limpiando desde fuera.

¿Cómo limpiar ventanas correderas sin desmontarlas?

No hace falta desmontarlas en ningún caso. Se limpia el carril primero en seco, después la cara exterior de la hoja de fuera desplazando las dos hojas de un lado al otro, y al final se seca el marco. Sacar la hoja del carril añade riesgo de romper los topes y de que la ventana quede desalineada al volver a montarla.

¿Cómo puedo limpiar las ventanas correderas sin quitarlas?

Con las hojas puestas y moviéndolas las dos al mismo lado, primero a un extremo y luego al otro. Así llegas a toda la cara exterior de la hoja de fuera sin manipular el peso de la hoja. La cara exterior de la de dentro queda encajonada entre las dos y solo se hace del todo desde fuera.

¿Cómo limpiar cristales que no llegas?

Si desde dentro no alcanzas con el brazo, la respuesta no es estirarse más ni subirse al alféizar. Se resuelve con pértiga telescópica desde el suelo, que llega a la cara exterior sin escalera. Es lo que hacemos en viviendas y en edificios donde el ventanal está a varias plantas.

¿Cómo limpiar el riel de las ventanas de aluminio?

En seco primero, sacando la tierra hacia fuera, y después con la bayeta escurrida y jabón neutro. Si al terminar la hoja sigue dura de mover, es que queda residuo debajo del rodamiento: hay que insistir en seco, nunca engrasar encima.

¿Es bueno poner bicarbonato de sodio en los rieles de las ventanas?

No es la mejor opción. El bicarbonato es un abrasivo suave y en un perfil de aluminio lacado o anodizado puede dejar el acabado mate donde se frota. Para la tierra y la grasa que se acumulan en una guía, agua templada con jabón neutro da el mismo resultado sin ese riesgo.

Artículos relacionados

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad